Cómo evaluar si un proyecto solar es viable
Antes de la ingeniería de detalle hay seis preguntas que descartan la mayoría de los proyectos.
Primero, el sitio. ¿Existe el predio, con qué documento se acredita, qué servidumbres tiene y quién puede autorizar su uso durante los años que dura el contrato? Un proyecto sin control del suelo no es un proyecto.
Segundo, la conexión. ¿Hay un punto de conexión viable, qué dice el operador de red y cuánto tarda realmente el trámite? Los cronogramas que asumen tiempos ideales suelen ser el primer error del modelo financiero.
Tercero, quién consume. Un proyecto necesita alguien que compre o consuma la energía, con solvencia y con un contrato que sobreviva a los cambios. Sin comprador identificado, la energía no tiene destino económico.
Cuarto, el dinero. ¿Cuánto cuesta realmente, quién lo aporta y en qué orden se reparte lo que entra? El orden de pagos importa tanto como el monto.
Quinto, la modalidad regulatoria. Autogeneración, generación distribuida, autogeneración con frontera remota y comunidad energética no son intercambiables: cada una define obligaciones, medición y remuneración distintas.
Sexto, quién opera después. Un proyecto que nadie administra deja de producir evidencia a los pocos meses, y sin evidencia no hay conciliación ni reporte posibles.
La idea que hay que recordar
Un proyecto se cae por el eslabón más débil, no por el más visible. Suele ser la conexión o el comprador.

